"Un año antes Cecilia se había cortado las venas, esparciendo el veneno en el aire..."
"No importa la edad que tuvieran, ni que fueran chicas. Sólo que las amamos, y que ellas no nos oyeron llamarlas, y aún no nos oyen, desde fuera de esas habitaciones donde ellas estarán solas para siempre y donde nunca encontraremos las piezas para hacerlas encajar."
He tardado en ver esta película, pero confirma que es una de mis directoras favoritas. Qué forma de hipnotizar y envolver con una película... Maravillosa.
Plano impresionante. Impacta y aterra a la vez sin ningún tipo de artificio, sólo una postura bien escogida, una situación lo suficientemente surrealista y una mirada gélida...
Cada vez que vuelvo a Huelva me invade la misma sensación de impertenencia. Una ciudad gris, rota, asfixiante, vacía, y a la vez tan plagada de caras conocidas y rincones llenos de recuerdos y gastados de tanto mirarlos. Una ciudad en la que me siento tan familiar como extraño. Siempre que vuelvo siento ganas de irme.
Cuando vuelvo a mis orígenes me doy cuenta de lo mucho que he cambiado, de lo poco que encajo aquí. No me siento ya en casa, siento que ahora no tengo casa, sino que me tengo a mí, en una dinámica un poco incierta. Siempre tendré este sitio para volver, pero ahora lo que me apetece no es volver, sino irme, dar tumbos...
Siempre tengo esas ansias de irme, de viajar, de ver mundo, de alejarme de todo... ¿Por qué será? Lo cierto es que nunca quiero estar quieto, pero siempre me siento demasiado quieto. No quiero parar, pero siento que no me muevo.
Volé de aquí, y ahora quiero volar más alto, más lejos. Me invade el individualismo, las ansias de conocer, de madurar, de aprender, de viajar, de crecer...de ser libre. Y permito encantado la invasión...
Sólo falta la chispa adecuada. La oportunidad. O quizás el empujoncito que siempre me ha hecho falta, y que nunca he sabido suplir.
Este silencio grita más que mil gargantas al unísono.
Hasta el sueño se tapa los oídos.
Las palabras no sirven, ni llantos ni promesas.
Sólo queda un hueco enorme, marchito, vacío...
Y yo sólo quiero irme lejos, lejos...
sólo quiero que vengas conmigo.
Shh... No hables, no sirve de nada.
No sueñes, no quiero saberlo.
No te vayas, pero que parezca que te has ido...
Agazapado entre la oscuridad, sumergido en la más axfixiante soledad, confundido. No he visto venir las nubes, sólo he visto la luz agonizar durante un corto segundo en el que ni me ha dado tiempo a reaccionar. Y tras ello la nada. Y tras la nada yo.
Como si la sangre no me llegara al cerebro, como si en lugar de corazón tuviera un hueco. Los pensamientos son ambiguos, cambiantes, fugaces. Leves parpadeos de lucidez apenas visibles en mis ojos oscurecidos.
Es como si ya no caminara, como si el mundo me llevara a empujones. Quiero pararme, pero el tiempo aprieta y el suelo quema mis pies si estoy quieto. Quiero pararme porque siento que no soy yo el que camina, siento que ya no sé cómo se camina, ni a dónde caminar. Quiero agazaparme y esconderme de todo, no existir, ser invisible. Quiero ser invisible y que nadie me vea para verme yo mismo. Pero siempre está el error de esperar que alguien me esconda, que alguien me tome de la mano y me lleve lejos, y me salve de mí mismo. Mi error favorito, y que a pesar de todo sigo sin creerme.
Y cuando te adentras en la más honda oscuridad ves que hay estrellas, aunque sólo sea una, que te iluminan con su luz. Y ves que no hay un camino, que todo es un prado verde mecido por el viento, y que tú decides a donde vas, y que tú decides donde esconderte. Y ves que el prado se pierde en la inmensidad del horizonte, donde el verde se funde con el azul intenso, recordándote todo lo que te queda por vivir.
Al final sólo queda eso, el color verde del camino y el recuerdo de la hierba acariciando tus manos al caminar...
La vida es coleccionar buenos momentos. Y olvidar todo lo demás.
Quizás la cuestión no es encontrar, quizás la cuestión es ser encontrado. Quizás sea escapar. Quizás sea encontrarte tú mismo. Quizás no haya nada que encontrar, y la felicidad esté en la búsqueda. Quizás, quizás, quizás... Y entre tanta incertidumbre sólo quedan los momentos, las noches, las palabras, las miradas, las risas, los sueños, los besos... Sólo queda la hierba.
El equilibrio es imposible. Pero como sabían que era imposible...lo hicieron...
Nunca he renegado de mí mismo, pero a veces reniego de los demás. De todos. De los humanos en general. Será ego, será narcisismo, será presunción, pero no me veo igual que los demás. Tengo un concepto tan bajo de la gente, que me da igual lo que piensen, pero no soy como ellos. En este tema siempre generalizo, siempre hablo demasiado, y no es así: hay que matizar. Entre tanta mierda que pasea por el mundo siempre encuentro gente, que al final si me pongo a contar es mucha, que me gusta. Encuentro perlas entre las babas de las ostras. Hay gente que vale la pena, siempre la hay. Pero aún así, si miro con objetividad y con frialdad desde lejos...la mayoría no merecemos el mundo que pisamos. Lo he dicho en segunda persona del plural, pero sigo sin considerarme igual que los demás, aunque de una forma u otra participo en la masacre. Estamos destruyéndolo todo, poco a poco. Reniego completamente del ser humano. Somos el animal más inteligente, el más capacitado para sobrevivir en cualquier condición. Inventamos, doblegamos y adaptamos al medio a nosotros, pero toda esa inteligencia que se derrama por nuestros poros no es capaz de entender que debemos tener en cuenta las consecuencias de lo que hacemos. No es que no lo sepan, lo saben. Esos peces gordos saben lo que hacen, y si no lo saben es porque no quieren saberlo, porque se niegan a aceptarlo, pero aún así lo saben. Entonces, si la inteligencia no nos falla...¿qué nos falla? La ambición. La individualidad. La empatía perdida. Eso nos falla. Qué más da que el mundo se vaya a tomar por culo, si nosotros no estaremos para verlo. A los que vengan después que les folle un pez espada, si es que no se ha extinguido.
Es uno de tantos problemas. Es interminable el tema de la condición humana, y la mierda que nos corre por las venas y las neuronas. Somos tan egocéntricos, tan influenciables, tan maleables, tan maquiavélicos, tan individuales, tan gregarios, tan contradictorios, tan cretinos, tan autodestructivos, tan destructivos... Somos antinaturales, hemos perdido todo lo que alguna vez fuimos, y ahora no somos más que reductos lamentables adaptados a la comodidad que hemos construido. No somos animales, somos lapas lamiendo la mierda del acuario que levantaron un día nuestros ancestros, y tras cuyos cristales se extiende un mundo que ni vemos.
Somos la mierda cantante y danzante del mundo.
Me he puesto trascendental. Es lo que tiene ver El club de la lucha de noche y ponerse a escribir en un blog. Soy el sentimiento de rechazo de Bruno.
Ponme una pistola en la cabeza y pinta la pared con mi cerebro.Qué maestría tienes, puto David Fincher...
Qué bueno ese abrazo que me devuelve la vida y la convicción...
...que me reconforta, que me llena.
Ojalá no se acabara nunca, ojalá el tiempo se rompiera en ese momento y nada pudiera separarnos, y todo se redujera a eso, a nuestro abrazo, piel con piel, corazón con corazón...
Me he llevado mucho tiempo soñando con ese futuro. Soñando despierto con esos ojos, construyendo castillos en el aire que soñaba habitar algún día. Sigo soñando, sigo ensimismándome en la imagen de esos castillos, pero cada vez que se disipan, perdiéndose en el viento, me cuesta más volverlos a construir. Las noches cada vez parecen más oscuras, como si el sol no fuera a salir. Y siempre sale, pero cada vez la oscuridad es más intensa.
Aún así sigo soñando...
...pero paulatinamente las pesadillas sustituyen a ese sueño. Pesadillas que me aterrorizan, que me quitan todo lo que he soñado durante una vida. Ese mundo onírico que he creado se desmorona y en el espejo me veo extraño. Y cada vez tengo más miedo a soñar.
Cuentos para Luna responde a un cambio. Un cambio radical en mi vida en el último año, un cambio que aún no llego a asimilar del todo. Un cambio que ha arrastrado otros tantos cambios en mí mismo.
Desde hace algún tiempo siento que pierdo algo que no quiero perder. Siento que las letras que escribo son forzadas, que el tiempo se me escapa gota a gota sin darme tiempo a empaparme. Últimamente todo es tan extraño que ni yo mismo me reconozco a veces. Sólo cuando me quedo quieto, cuando consigo escapar del ritmo apresurado que yo mismo me marco, me doy cuenta de que algo me falta.
De esa necesidad nace este espacio, buscando completar el cambio, alumbrar el camino que últimamente tan oscuro me resulta, recuperar las palabras que tan lleno me hacían sentir aún en los peores momentos.
No serán cuentos, quizás tampoco sean para Luna... Sinceramente no sé qué será, pero lo llevo dentro.